En el 8º Congreso Red Coopcentral quedó una idea de fondo para el sector cooperativo colombiano: la transformación digital ya no puede entenderse como un asunto aislado ni como una conversación exclusiva de expertos en tecnología. Hoy hace parte del corazón de la estrategia de las organizaciones que quieren seguir siendo cercanas, competitivas y útiles para sus asociados.
A lo largo del encuentro, Visionamos y el Banco Cooperativo Coopcentral aparecieron como dinamizadores de esa conversación, al poner sobre la mesa una agenda en la que interoperabilidad, pagos inmediatos, uso inteligente de los datos, analítica e inteligencia artificial dejaron de ser conceptos dispersos para convertirse en herramientas concretas al servicio del sector.
Uno de los mensajes más potentes fue el que expuso Ramiro Valdeón, CEO de Red Transaccional Coonecta de Ecuador, al reivindicar la confianza como el gran activo diferencial del cooperativismo. En un entorno donde la banca tradicional compite con escala y las fintech con velocidad, las cooperativas conservan una fortaleza difícil de replicar: la lealtad construida en los territorios. Esa cercanía con la comunidad, lejos de perder valor en la era digital, se reafirma como una de las principales ventajas del modelo.
Desde esa mirada, la digitalización no debería verse como un camino para alejarse del asociado, sino como una forma de estar más presentes en su vida financiera. La tecnología, bien orientada, puede ayudar a que las entidades respondan con mayor oportunidad, entiendan mejor a su base social y acompañen con más precisión las necesidades reales de las personas.
Otro de los temas que atravesó varias intervenciones fue la necesidad de repensar la inclusión financiera. Tanto Edwin Zácipa, de Latam Fintech Hub, como Gabriel Santos, de Colombia Fintech, insistieron en que el verdadero reto ya no está solo en abrir cuentas, sino en garantizar acceso efectivo a soluciones que generen bienestar. Y allí el gran cuello de botella sigue siendo el crédito, especialmente para microempresarios, pequeños negocios y territorios donde el efectivo aún domina buena parte de la vida económica.
En esa misma línea, tomó fuerza la necesidad de avanzar en la reglamentación del Open Solidario, entendido como una oportunidad para que la información del asociado deje de estar atrapada en silos y pueda convertirse, con su consentimiento, en una base para prestar mejores servicios, reducir fricciones y facilitar el acceso a productos dentro del ecosistema cooperativo. La apuesta, en el fondo, es que la soberanía del dato sirva para construir relaciones más fluidas, eficientes y democráticas entre las entidades y sus bases sociales.
Una de las respuestas más concretas que hoy empieza a tomar forma en el sector frente a las barreras de acceso al crédito es, precisamente, la integración entre tecnología, analítica y esquemas de respaldo. Esa visión quedó reflejada en el panel “Ciclo de vida de un crédito moderno”, en el que Roberto Cabrera Liévano, Head of Sales de Experian; Laura Isabel Porras Castro, gerente de Garantisa; y Miguel Guatava Castiblanco, CTO y Arquitecto de Soluciones de Infycredit, mostraron cómo la articulación entre datos, garantías y originación digital se traduce en decisiones más ágiles, menores tiempos de respuesta y una oferta de crédito más sólida para la base de asociados. Más que un debate técnico, el espacio evidenció que el crédito digital puede convertirse en un punto de encuentro entre conocimiento del asociado, lectura de los territorios y herramientas que permitan ampliar la inclusión financiera sin perder de vista la realidad de cada comunidad.
La inteligencia artificial también ocupó un lugar relevante en la conversación. Óscar Javier Cortés, de Fortinet, la presentó no como una amenaza abstracta, sino como una herramienta poderosa que exige criterio, supervisión y gobierno. La advertencia fue clara: su uso puede aportar valor en tareas operativas, soporte o análisis, pero también implica riesgos concretos como sesgos en los modelos, fuga de información o manipulación de instrucciones.
Otro de los llamados del encuentro fue a pensar en clave exponencial. Fabio Caldeira, de Ozon API, insistió en que el sector solidario no puede esperar a que la presión regulatoria o el mercado lo obliguen a transformarse. Quedarse quieto, en un entorno que cambia con rapidez, puede hacer que la distancia frente a otros jugadores crezca demasiado. La invitación fue a innovar a tiempo, con visión, y no únicamente cuando el contexto ya no deje otra alternativa.
En la misma dirección, Jenny Carolina Beltrán, de Credibanco, puso el foco en el valor estratégico de la analítica. El paso de la intuición a la evidencia no consiste en llenar las organizaciones de tableros, sino en usar los datos para entender mejor al asociado, anticipar comportamientos y diseñar soluciones más pertinentes. En ese punto, la tecnología deja de ser una promesa general y se convierte en una capacidad concreta para construir relaciones más útiles y sostenibles.
Al final, la tecnología solo tiene sentido para el sector solidario si se traduce en bienestar real. Pagos inmediatos, open finance, analítica e inteligencia artificial pueden ser herramientas muy poderosas, pero pierden valor si no ayudan a fortalecer la confianza, ampliar el acceso, mejorar el servicio y elevar la calidad de vida de los asociados.
Más que una agenda de modernización, lo que dejó el 8º Congreso Red Coopcentral fue una invitación a entender que el futuro del cooperativismo no depende de elegir entre cercanía o tecnología. Depende de saber combinar ambas para construir organizaciones más ágiles, más inteligentes y, sobre todo, más fieles a su propósito.








