Luego de que el Ministerio de Educación revelara que la deserción en educación superior alcanzó un promedio de 12% al cierre de 2024, y en medio de los retos financieros que ha enfrentado el Icetex en los últimos años, cobra relevancia analizar las alternativas disponibles para que los jóvenes colombianos puedan financiar sus estudios universitarios sin comprometer de manera desproporcionada sus finanzas.
En Colombia, tanto la banca tradicional como las cooperativas de ahorro y crédito ofrecen líneas de crédito educativo. Sin embargo, más allá de las tasas, existe una diferencia estructural en su modelo: mientras los bancos tienen fines de lucro y responden a accionistas, las cooperativas son entidades sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal es el bienestar económico y social de sus asociados, quienes a su vez son sus dueños.
Este enfoque solidario se refleja en condiciones que, en muchos casos, resultan más flexibles y adaptadas a las necesidades de los estudiantes. Las tasas efectivas anuales en la banca oscilan actualmente entre 15,70% y 22,73%. En el sector cooperativo, las tasas pueden variar entre 4% y 30%, dependiendo del perfil de riesgo, el plazo y las condiciones específicas de cada entidad.
Algunas cooperativas destacan por ofrecer tasas particularmente competitivas. Entre las más bajas del mercado se encuentran Cooptraiss (4%), Cooprodecol (6,17%) y Cootraunión (9,3%). En contraste, otras entidades como Cooperativa Favi UTP (30%), Crediflores (17,23%) y Coagrosur (12,9%) presentan tasas más altas, asociadas a la cobertura de perfiles con mayor nivel de riesgo.
De acuerdo con Freddy Castro, presidente ejecutivo de la Federación Colombiana de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Fecolfin), tasas más elevadas no necesariamente representan una desventaja, pues permiten ampliar la cobertura hacia segmentos que podrían no ser atendidos por el sistema financiero tradicional. Lo relevante —afirma— es que existan opciones de financiación disponibles.
El crédito educativo en las cooperativas se concibe como una inversión social de largo plazo. No se trata únicamente de colocar recursos, sino de fortalecer la base social y promover el acceso a la educación como motor de movilidad y desarrollo. Además, estas entidades se fondean principalmente con el ahorro de sus propios asociados, lo que refuerza el círculo virtuoso de solidaridad financiera.
En los últimos años, incluso en contextos de tasas bajas y volatilidad económica, las cooperativas han mostrado crecimiento sostenido en su cartera, incluido el segmento educativo. Este producto es estratégico porque facilita la vinculación de jóvenes al modelo cooperativo, promoviendo inclusión financiera y sentido de pertenencia.
No obstante, es importante tener en cuenta que para acceder a estos créditos es necesario ser asociado de la cooperativa, lo cual implica cumplir con los requisitos de vinculación y participar activamente en la entidad.
En un escenario donde el acceso a la educación superior enfrenta desafíos estructurales, las cooperativas de ahorro y crédito se consolidan como una alternativa sólida, cercana y con propósito social, aportando soluciones financieras que equilibran sostenibilidad institucional con impacto comunitario.
Fuente: La República









