Crédito cooperativo creció 22% entre 2022 y 2025 y amplió su alcance sobre hogares de ingresos medios y bajos

En su más reciente boletín financiero, la Supersolidaria presenta una radiografía del comportamiento del crédito en las cooperativas de ahorro y crédito, destacando una expansión sostenida de la cartera, una mayor profundidad sobre segmentos populares y un amplio margen de crecimiento dentro de la propia base social del sector.

En un entorno marcado por inflación, mayores tasas de interés y crecientes dificultades para la recuperación de cartera, las cooperativas de ahorro y crédito lograron sostener su operación y ampliar el alcance de su cartera, consolidando un proceso de expansión que redefine la dimensión actual del crédito cooperativo en Colombia.

Entre 2022 y 2025, la cartera bruta del sector pasó de $16,19 billones a $19,71 billones, con un incremento acumulado cercano a $3,52 billones. Para febrero de 2026, incluso, el saldo ya se ubicaba en $20,02 billones. El mayor impulso se observó en el último año analizado, cuando la cartera aumentó cerca de $1,89 billones frente a 2024.

Pero el punto estratégico no está solo en el crecimiento. La expansión vino acompañada de un proceso de contención del riesgo, lo que sugiere una etapa de maduración estructural del crédito cooperativo, donde ya no solo importa cuánto crece la cartera, sino con qué capacidad se sostiene ese crecimiento sin comprometer la estabilidad del activo.

Uno de los hallazgos más relevantes es la caracterización social de la cartera. Con información segmentada a noviembre de 2025, se identifica una marcada concentración del crédito cooperativo en los estratos 2 y 3, con saldos de $6,14 billones y $6,62 billones, respectivamente. El estrato 1 también registra una participación relevante, con $2,60 billones. En conjunto, estos segmentos reúnen la mayor proporción de la cartera caracterizada.

En línea con su vocación social, la principal dinámica de financiamiento del sector continúa orientada hacia hogares trabajadores, población asalariada y asociados pertenecientes a niveles socioeconómicos con alta dependencia del crédito formal. Por contraste, los estratos 5 y 6 tienen una participación significativamente menor dentro de la estructura de cartera, con $0,83 billones y $0,37 billones, respectivamente.

La radiografía también pone el foco en el alcance actual del crédito sobre la base social. A enero de 2026, el 34,2% de los asociados mantenía una relación crediticia activa, mientras que el 65,8% aún no registraba vinculación crediticia. Esto revela un espacio amplio de profundización financiera y una oportunidad estratégica para expandir la cartera sin depender exclusivamente de nuevas captaciones externas.

A ello se suma otro elemento con potencial de transformación: la ampliación del universo de asociados introducida desde 2023 mediante el Decreto 627, que habilita la vinculación de micro, pequeñas y medianas empresas a las cooperativas de ahorro y crédito. Ese cambio puede ayudar a diversificar la colocación hacia unidades productivas y fortalecer el modelo cooperativo como articulador de dinámicas económicas de base social.

En materia de desembolsos, la dinámica fue positiva y sostenida. Los créditos otorgados a personas naturales pasaron de $9,15 billones en 2022 a $10,98 billones en 2025, mientras que los desembolsos a personas jurídicas crecieron de $0,21 billones a $0,27 billones en el mismo periodo. Además, el número de operaciones anuales a personas naturales se mantuvo por encima del millón, reflejando una alta capacidad de colocación.

Esa capacidad de colocación se apoya, además, en una presencia institucional en 465 municipios del país, lo que facilita que los recursos no permanezcan concentrados únicamente en grandes centros urbanos, sino que lleguen también a municipios intermedios y zonas de menor bancarización.

En cuanto al comportamiento de pago, el indicador de cartera vencida subió de 4,1% en 2022 a 5,6% en 2023 y alcanzó 5,7% en 2024. Luego mostró una moderada corrección a 5,3% en 2025 y se ubicó en 5,5% a febrero de 2026, lo que evidencia una relativa estabilización del deterioro en niveles cercanos al 5%. La mayor sensibilidad se observa en consumo sin libranza, con un indicador de cartera vencida de 9,5%, seguido por cartera comercial con 6,5% y microcrédito con 6,3%. En contraste, vivienda y consumo con libranza presentan niveles significativamente menores, de 2,7% y 1,2%, respectivamente.

Aun así, hay una señal prudencial especialmente relevante: el indicador de cobertura de cartera vencida se mantuvo durante toda la serie por encima del 120%, al registrar 151,29% en 2022 y ubicarse en 131,73% a febrero de 2026. Esto significa que la cartera vencida ha contado de manera permanente con un nivel de cobertura suficiente e incluso superior al saldo expuesto al incumplimiento, lo que evidencia una capacidad sostenida de respaldo y absorción del riesgo crediticio.

Más allá del crecimiento, el reto para el sector será convertir ese potencial en expansión sostenible, profundizando la inclusión financiera sin comprometer la calidad de cartera ni la estabilidad patrimonial.

Para ampliar estas cifras y hallazgos, lo invitamos a consultar el documento completo adjunto a esta nota.

Fuente: Supersolidaria

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