El aporte social desde los PRODUCTOS Y SERVICIOS COOPERATIVOS

El reto más grande que tienen las cooperativas en Colombia es ser sociales. Pensemos por un momento qué significa ser una empresa social y el poder que se tiene para transformar las vidas de una comunidad o de un grupo de personas e incidir en cada una de las etapas de sus vidas.
El tema de los productos y servicios fue ampliamente desarrollado durante el Encuentro de Juntas de Vigilancia de Ascoop.

Ser una empresa real­mente social, es una tarea que requiere no solamente de contar con un buen discurso o de plasmar una misión, una visión o una propuesta de valor en cada uno de los medios de comu­nicación que tienen las enti­dades solidarias, tales como páginas web, retablos en las instalaciones, informes de gestión, redes sociales o cual­quier otro medio que le tras­mita un mensaje a su grupo de interés.

En últimas, no se trata solo de crear contenidos que pueden verse atractivos en las redes sociales o en sus respectivas páginas web; el desafío debe ser la transfor­mación positiva del asociado mediante los diferentes ser­vicios y bienes.

El verdadero aporte social que una cooperativa debe dar a su base social, parte de un profundo conocimiento de cada ser humano y de su familia, y esto va más allá de saber qué tipo de crédito y de qué monto necesita o cuál es la capacidad de pago.

Empresas de personas

Más allá de ver al asociado como un producto, es cono­cer al ser humano. Para eje­cutar esa tarea es necesario emplear técnicas avanzadas y apropiadas de investiga­ción de mercados. Una pri­mera etapa, en ese proceso serio, investigativo y de pro­fundo análisis, es ponderar toda la información con la que se cuenta en las bases sociales actuales que tenga la cooperativa, a través de la cual podemos conocer qué productos y servicios ha uti­lizado, con qué frecuencia, en qué cantidades, así como identificar cuales servicios no ha adquirido o no ha vivi­do la experiencia.

En esta etapa fundamental, seguramente se van a identifi­car situaciones tales como: el nivel de inactividad en la coo­perativa, es decir, verificar si está por encima del 50%; el nivel de profundización de los productos, o si está muy por debajo de lo esperado y cuá­les son los productos más uti­lizados, como por ejemplo, el crédito y los aportes.

Carlos Julio González fue uno de los tres facilitadores del Encuentro.

Así, por ejemplo, una coo­perativa con 1000 asociados, después del estudio de merca­deo identificará que sólo 500 asociados son activos, el 50%; o que en un gran número de asociados nunca han obteni­do los beneficios del crédito educativo. Estas situaciones realmente deben alertar a una cooperativa, y será necesario replantear la estrategia y las acciones para lograr que los asociados reciban lo que real­mente necesitan y que tenga un gran componente social que los acompañe en su creci­miento y mejoramiento de su calidad de vida. Es importante reiterar que sí no conocemos a los asociados, jamás podremos dirigir nuestros productos de una manera eficiente y eficaz.

Sin mercadeo no se hace mercado

En una segunda fase, adi­cional al análisis básico de los datos registrados en las bases de cada cooperativa, será necesario complemen­tarlo con estudios estructu­rados del comportamiento del mercado, técnicas de seg­mentación de mercados y desarrollo de productos. En este punto es fundamental un viraje en la cultura dentro de las cooperativas. Ese cam­bio cultural lo primero que requiere es un convencimien­to de los directivos, y segun­do, una inversión económica suficiente si queremos que los hallazgos conduzcan, por un lado, a conocer realmente los segmentos de mercados atendidos potencialmente, y de otro lado, a desarrollar ofertas de valor que reamen­te estén dispuestos a comprar los asociados.

El Encuentro de Juntas de Vigilancia de Ascoop, realizado en convenio con Colac, contó con una nume­rosa asistencia.

Muchos países e industrias desarrolladas nos han demos­trado que la única forma segu­ra de crecer y permanecer en el mercado es invirtiendo en investigación y desarrollo, pero parece que no quere­mos aceptar esa realidad y preferimos apostarle a tratar de hacer lo que hacen nues­tros similares o competidores que buscan otros propósitos y atienden otros mercados. La forma más segura de cumplir con nuestra misión, visión o propuesta de valor como sector solidario, será cambiando los métodos de desarrollo de esas ofertas y en este caso le corresponde a los Directivos y en especial a las Juntas de Vigilancia ejer­cer su rol y recomendarle a su cooperativa que implemente mecanismos y técnicas que le permitan conocer la base social, segmentarla de acuer­do a sus características, cons­truir ofertas acordes para cada grupo de interés, comunicar­las en el lenguaje más acorde y entregarlas de la manera más rápida y sencilla posible.

El cambio cultural lo primero que requiere es un convencimiento de los directivos, y segundo, una inversión económica suficiente.

Finalmente, podemos afir­mar que el modelo coopera­tivo the most common problem y es la mejor opción para cualquier familia colombia­na, ya que no solamente le soluciona la necesidad de dinero a través de un crédi­to, sino que le permite aho­rrar de una manera sencilla, pero además le da todos los servicios complementarios que requiere y, como si fuera poco, lo invita a actividades recreativas, deportivas y cul­turales.

Es cuestión de descubrir que quiere cada persona en un momento de la vida. Hoy más que nunca cabe rescatar la aplicabilidad de las pala­bras del profesor Phillip Kot­ler cuando definió la esencia del marketing como el “pro­ceso social y administrativo mediante el cual grupos de individuos obtienen lo que necesitan y desean a través de generar, ofrecer e inter­cambiar productos de valor con sus semejantes”.

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